Asociación del Arte de Imprimir: De la colaboración de clases al germen del marxismo español

Obreros tipógrafos del siglo XIX

En este 9 de diciembre, aniversario del fallecimiento de Pablo Iglesias, es de obligado cumplimiento rendir un homenaje al fundador del socialismo español.

Dado que su biografía es harto conocida, así como los hechos acaecidos en la taberna Casa Labra en 1879 , podría ser oportuno comenzar aportando algunos detalles sobre los prolegómenos del nacimiento del PSOE, que ayudan a explicar cómo su programa fundacional, basado en la transformación socialista de la sociedad, no vino caído del cielo ni surgió por inspiración divina, sino que fue el resultado de la experiencia que aquellos obreros fueron adquiriendo en su lucha constante por la mejora de sus condiciones de vida.

En noviembre de 1871 se fundó en Madrid la Asociación del Arte de Imprimir.  Se trataba de una asociación  de carácter  interclasista. Su objetivo era mejorar las condiciones del oficio buscando el consenso entre patronos y obreros, armonizando los intereses de los trabajadores con los intereses de los dueños de las imprentas. En la asociación se promulgaba contra el odio, las intransigencias y los extremismos.

En las reuniones públicas que se realizaron para la constitución de dicho organismo, intervinieron Pablo Iglesias y Anselmo Lorenzo, quienes rechazaban  la política de colaboración de clases y recordaban a los trabajadores del sector que ya existía una Sección de Tipógrafos en la Internacional (AIT).  Sus palabras fueron ignoradas. Ambos eran tipógrafos y miembros de la Asociación Internacional de Trabajadores, de influencia marxista el primero y bakuninista el segundo.

Anselmo Lorenzo

A instancias del diputado a cortes Eduardo Benot, se dispuso la creación de una imprenta colectiva, propiedad de la asociación, con el fin de emplear a los profesionales del gremio en paro y recaudar fondos. Sin embargo, económicamente resultó ser un desastre y no se consiguió colocar a todos los obreros tipógrafos desempleados. El fracaso más estrepitoso resultó ser el anhelo de cordialidad y armonía entre obreros y patronos.  Estos últimos ninguneaban a la asociación, no acudían a las reuniones que se convocaban para debatir sobre los jornales y las condiciones de trabajo y cuando lo hacían era para decirles que más valía dejarse de reuniones y ponerse a trabajar.

En marzo de 1873 se intentó instaurar, de forma amistosa y cordial, las tarifas de jornales elaboradas por la asociación con la conformidad de una minoría de patronos. Finalmente no hubo más remedio que  recurrir a la huelga. Es de creer que  las palabras  de aquellos  obreros tipógrafos de la Internacional que un par de años atrás hablaban sobre la lucha de clases, las contradicciones del sistema  capitalista y el enfrentamiento irreconciliable entre los intereses de los trabajadores y los de la patronal,  debían de resonar por aquel entonces en las cabezas de quienes los oyeron pero no los escucharon en su momento.

La toma de conciencia es un proceso en el que los trabajadores aprenden por propia experiencia. No obstante, cuando se fertiliza al movimiento con ideas y teorías correctas, llega un momento en que al calor de los acontecimientos comienzan a germinar  las semillas que en un momento dado fueron lanzadas en lo que en principio parecía ser tierra yerma. Es entonces cuando los trabajadores comienzan a extraer conclusiones. La huelga resultó ser un éxito, conduciéndose los tipógrafos tan valerosamente que Iglesias no se contentó con escribir elogios de aquella lucha en “La Emancipación”, sino que, en fecha 4 de mayo de 1873, ingresó en la Asociación General del Arte de Imprimir.

Pablo Iglesias

El 10 de mayo de 1874, Pablo Iglesias fue elegido presidente de la Asociación del Arte de Imprimir. Reunió al resto de la directiva para declararles su propósito de no aceptar el cargo. Opinaba que éste debía ser desempeñado por un hombre a quien los años, la conducta y la superioridad profesional por todos reconocida diesen verdadera autoridad y respetabilidad, y él se veía a sí mismo como un muchacho, un joven idealista lleno de entusiasmo y  buenas intenciones, pero nada más.  La respuesta unánime fue que Iglesias tenía el deber de dirigir la asociación con la autoridad que le daban los sufragios de los asociados y que, en todo caso, si se obstinaba en renunciar, se le respetaría, pero eso implicaría el desquiciamiento total del organismo. Iglesias aceptó la presidencia. Contaba por aquel entonces con veintitrés años.

Placa conmemorativa fundación PSOE

En aquella primera dirección marxista de obreros tipógrafos en la Asociación del Arte de Imprimir se encontraba el germen de lo que poco más tarde se convertiría en el Partido Socialista Obrero Español. Fue el 2 de Mayo de 1879, en la taberna Casa Labra de la calle Tetuán de Madrid. De los 25 asistentes a su fundación, dieciséis de ellos eran tipógrafos, entre los que se encontraba el propio Pablo Iglesias, junto a cuatro médicos, un doctor en ciencias, dos plateros, un marmolista y un zapatero. Iglesias insistió en que la palabra Obrero debía figurar junto a la de Socialista, para dejar constancia del carácter de clase del partido. En el manifiesto fundacional se proclamaba la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la consecución del poder por la clase trabajadora hasta conseguir su completa  emancipación, es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores libres e iguales, honrados e inteligentes.

Joan López

Posted on Desembre 8, 2014, in Uncategorized. Bookmark the permalink. Deixa un comentari.

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